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OPINIÓN

¿Por qué no te callas, RAE? Institución no tiene validez para criticar uso del lenguaje inclusivo

¿En qué momento la RAE perdió el sentido de su función? En pleno Siglo XXI, ¿en serio alguien cree que una institución puede establecer a su antojo las reglas del lenguaje, como si se tratara de un deporte?

Real Academia Española.Institución rechaza el lenguaje inclusivo.
Escrito en COLUMNA el

El lenguaje es un acuerdo mutante, por naturaleza. Y no hay nada en las palabras que usamos que contenga algo propio del elemento, sensación o concepto en general que denominamos con ellas, lo cual es básico para entender que la RAE no tiene cabida en la discusión sobre el uso del lenguaje inclusivo.

Dicho de otra forma, no hay nada del burro en la palabra "burro" ni nada del árbol en la palabra "árbol". Nos pusimos culturalmente de acuerdo para denominar "árboles" a esos seres vivos con ramas y raíces, eso es todo. Y luego vino la RAE y constató que estábamos todos de acuerdo con eso, para registrarlo en su diccionario.

Eso es lo lindo del lenguaje: es uno de los escasísimos ámbitos en los que opera la noción de que "vale lo que nosotros digamos". O sea que, en el lenguaje, la vida sí puede ser como la escojamos. Y lo que no nombramos, no existe, como bien dijera George Steiner. De ahí la importancia de valorar el lenguaje inclusivo.

Autoridad de la RAE no es válida en la discusión sobre lenguaje inclusivo

A diferencia de las disciplinas deportivas y otras similares, en el lenguaje el uso siempre aparece antes que la regla. Lo que implica que la labor de la Real Academia Española, o de cualquier entidad que quiera estudiar su evolución, es la de constatar y consignar significados, nunca asignarlos.

Hasta antes de la polémica suscitada por el lenguaje inclusivo, esa labor era bien desempeñada por la RAE, al punto de incluir en su diccionario los conceptos "heavy", "walkman", "walkie-talkie" y otros que de español no tienen nada, solo por reconocer que eran usados frecuentemente por personas de habla hispana. 

Así de simple, palabras del inglés pasaron a ser también palabras del español, amparadas bajo el concepto de "anglicismo".

¿Curioso? Más curiosos han sido los momentos en que la inclusión en la RAE se perfiló como un reconocimiento político, algo más propio de los premios Oscar que de una academia seria. Tal fue el caso de "cantinflear", verbo incluido por la organización en su diccionario en 1992 para homenajear a Cantinflas, con la excusa de que se empleaba en México y Cuba.

Me gustaría ver el estudio que determinó lo masivo del supuesto uso de esa palabra, que parece que nació extinta, y nunca se ha reproducido tanto como en las páginas de las distintas ediciones del mencionado diccionario.

También resulta curioso que la Real Academia de la Lengua Española haya incluido conceptos aún muy poco difundidos, como "cisgénero", y no pierda la oportunidad de expresarse en contra del lenguaje inclusivo, cuyo valor se ha reconocido a nivel estatal en países como Argentina y Chile

Aduciendo vicios morfológicos, los académicos de la RAE han rechazado una y otra vez expresiones como "les niñes". En lugar de reconocer su uso y sentido, se encierran en resquicios artificiales.

Lo que uno esperaría de tan alto nivel de pensadores es una reflexión en torno a que la historia de la humanidad ha sido comúnmente "la historia del hombre". Y que eso lleva consigo la imposición de las versiones masculinas de adjetivos y sustantivos para hablar de conjuntos formados por hombres y mujeres.

Al final, el problema de esta institución obsoleta es que olvida con frecuencia que el concepto de "real" que ocupa en su nombre se refiere al rey, no a la realidad. Pero bueno, anda a explicarle el valor de la inclusión verdadera a una entidad que solo cuenta con 7 mujeres entre sus 46 académicos principales...

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