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Del opio a la cocaína: La historia oculta del narcotráfico en Chile

Desde el uso medicinal hasta el crimen organizado: un recorrido por la evolución del consumo y tráfico de drogas en nuestra sociedad
Leonardo Zúñiga - Editor
13 Min de Lectura
La historia oculta del narcotráfico en Chile
Desde el uso medicinal hasta el crimen organizado: un recorrido por la evolución del consumo y tráfico de drogas en nuestra sociedad

La historia del consumo y narcotráfico de drogas en Chile es un relato complejo que abarca más de un siglo de transformaciones sociales, políticas y económicas. Desde sus orígenes en prácticas ancestrales y usos medicinales, pasando por períodos de consumo elitista, hasta convertirse en un desafío multifacético para la sociedad chilena contemporánea, este fenómeno ha dejado una huella profunda en el tejido social del país.

La raíz del problema: Orígenes del consumo de drogas en Chile

El consumo de sustancias psicoactivas en Chile tiene raíces tan profundas como la historia misma del país. Mucho antes de que el término “narcotráfico” se convirtiera en un tema de preocupación nacional, diversas culturas indígenas utilizaban plantas con propiedades psicoactivas con fines rituales y medicinales. La hoja de coca, por ejemplo, era ampliamente utilizada en las culturas altiplánicas para combatir los efectos de la altura y en ceremonias espirituales.

Sin embargo, la verdadera historia del consumo moderno de drogas en Chile comienza a tomar forma en el siglo XIX y principios del XX. Durante este período, el opio se convirtió en una sustancia de uso común, principalmente con fines medicinales. No era inusual que figuras históricas como el General José de San Martín, héroe de la independencia sudamericana, consumieran opio regularmente para aliviar dolencias físicas.

El uso del opio no se limitaba a personalidades destacadas. Las boticas y farmacias de la época jugaron un papel crucial en la distribución de esta y otras sustancias. Era común que los boticarios prepararan y vendieran libremente recetas que contenían opio, cocaína y otros compuestos que hoy consideraríamos drogas duras. Esta práctica continuó sin mayor regulación hasta bien entrado el siglo XX.

La influencia china y la expansión del consumo de opio

La llegada de inmigrantes chinos a Chile, especialmente a la región norte, introdujo nuevas dinámicas en el consumo de opio. Los fumaderos de opio, inicialmente restringidos a la comunidad china, comenzaron a atraer a chilenos curiosos por experimentar los efectos de la sustancia. Estos establecimientos, conocidos como “cafés chinos” o “cafés orientales”, se convirtieron en puntos de encuentro social y, en ocasiones, en lugares de consumo recreativo de drogas.

La percepción del consumo de opio durante este período era significativamente diferente a la actual. No existía una estigmatización generalizada, y su uso se consideraba en gran medida una cuestión personal o médica, más que un problema social o de salud pública. Esta actitud permisiva comenzaría a cambiar en las primeras décadas del siglo XX.

La historia oculta del narcotráfico en Chile
El comienzo del consumo de opio en Chile. Imagen: Captura Yotutube

El giro legal: Primeros intentos de regulación

El año 1921 marca un punto de inflexión en la historia del consumo de drogas en Chile. En este año se implementa la primera reglamentación significativa relacionada con la importación y comercialización de sustancias como el opio y la cocaína. Es importante notar que esta regulación no prohibía el consumo en sí, sino que buscaba controlar la distribución y venta de estas sustancias.

En 1936, se da un paso más firme con la introducción del Reglamento de Estupefacientes. Este nuevo marco legal establecía controles más estrictos sobre la producción, distribución y venta de sustancias psicoactivas. A pesar de estos avances legislativos, el consumo de drogas continuó siendo una realidad en diversos sectores de la sociedad chilena.

Clases altas y bohemia: El consumo elitista de drogas

Durante las décadas de 1920 y 1930, el consumo de drogas en Chile adquirió un carácter distintivamente elitista. Las clases altas y los círculos bohemios, influenciados por tendencias europeas y norteamericanas, comenzaron a experimentar con sustancias como la cocaína y la morfina. Este consumo “sofisticado” se asociaba con la vida nocturna, los cabarets y los ambientes artísticos.

En estos círculos, el consumo de drogas se percibía a menudo como un signo de cosmopolitismo y rebeldía contra las convenciones sociales. Escritores, músicos y artistas incorporaban referencias al uso de drogas en sus obras, contribuyendo a la creación de una subcultura en torno al consumo de sustancias psicoactivas.

La historia oculta del narcotráfico en Chile

 

El nacimiento y expansión del narcotráfico organizado en Chile

La década de 1940 marca el inicio de una nueva era en la historia de las drogas en Chile. Es durante este período cuando comienzan a surgir las primeras bandas organizadas dedicadas al tráfico de drogas. Este desarrollo fue influenciado en gran medida por cambios políticos en países vecinos, particularmente Perú y Bolivia.

Eventos como el golpe de estado en Perú en 1948 y la Revolución Nacional Boliviana en 1952 crearon un vacío en el mercado regional de drogas que pronto fue llenado por grupos chilenos. Entre los primeros en aprovechar esta oportunidad se encontraba la familia Huasaf, de origen árabe-turco, que se estableció en el norte de Chile y rápidamente se convirtió en un actor importante en el tráfico de drogas en la región.

A medida que estos grupos consolidaban su control sobre el tráfico de drogas en el norte del país, comenzaron a expandir sus operaciones hacia los principales centros urbanos de Chile, particularmente Santiago y Valparaíso. La década de 1950 vio un salto cualitativo en las operaciones de narcotráfico en Chile, con el descubrimiento de los primeros laboratorios de procesamiento de cocaína en la región de Valparaíso.

La internacionalización del narcotráfico chileno

A partir de la década de 1950, el narcotráfico chileno comenzó a expandirse internacionalmente. Figuras como Yayo Fritis, un chileno-peruano nacido en Tacna, establecieron laboratorios de procesamiento de drogas y comenzaron a exportar a otros países, llegando incluso a Colombia.

La Revolución Cubana de 1959 tuvo un impacto significativo en las rutas del narcotráfico. Con el cierre de la ruta a través de Cuba hacia Estados Unidos, los narcotraficantes chilenos vieron una oportunidad para establecer nuevas conexiones y rutas de distribución, expandiendo su alcance a nivel internacional.

La historia oculta del narcotráfico en Chile

La infiltración del narcotráfico en las instituciones chilenas

A medida que el negocio del narcotráfico crecía en tamaño y complejidad, también aumentaba su capacidad para infiltrarse en las instituciones del Estado chileno. Un caso emblemático ocurrió en 1959, cuando se descubrió que Carlos Jiménez, subprefecto y jefe del grupo móvil de la policía de investigaciones, estaba involucrado con carteles de narcotraficantes.

Este caso puso de manifiesto la creciente capacidad del narcotráfico para corromper a funcionarios públicos y potencialmente influir en los procesos políticos del país. Aunque no hay evidencia de que el entonces candidato presidencial Jorge Alessandri estuviera al tanto de la fuente de ciertos fondos de campaña provenientes del narcotráfico, el incidente subraya la complejidad de las relaciones entre el crimen organizado y la política en Chile.

El impacto cultural del consumo de drogas en Chile

Las décadas de 1960 y 1970 vieron la emergencia de movimientos contraculturales que, en cierta medida, normalizaban o incluso glorificaban el uso de ciertas sustancias. El movimiento hippie, que tuvo su expresión chilena, a menudo se asociaba con el consumo de marihuana y, en menor medida, de sustancias psicodélicas.

Un incidente que capturó la atención pública fue el caso del “Capitán Veneno” en 1970, que ilustra la complejidad del fenómeno del consumo de drogas en Chile y cómo las narrativas simplistas a menudo oscurecían realidades más complejas.

El impacto de la dictadura militar en el narcotráfico y consumo de drogas

El golpe de Estado de 1973 y la subsiguiente dictadura militar de Augusto Pinochet tuvieron un impacto significativo en la dinámica del narcotráfico y el consumo de drogas en Chile. Durante este período, se implementaron políticas de “mano dura” contra el tráfico y consumo de drogas, en línea con la retórica de “seguridad nacional” del régimen.

Paradójicamente, este período también vio un aumento en el tráfico de drogas a través de Chile. La represión política y la censura crearon un ambiente propicio para el desarrollo de redes clandestinas, algunas de las cuales fueron aprovechadas por narcotraficantes.

La transición a la democracia y los nuevos desafíos

Con el retorno a la democracia en 1990, Chile enfrentó nuevos desafíos en relación al narcotráfico y el consumo de drogas. La apertura de las fronteras y la reintegración del país a la comunidad internacional trajeron consigo un aumento en el flujo de drogas, tanto para el consumo interno como para el tránsito hacia otros países.

Durante la década de 1990 y principios de los 2000, se observó un aumento significativo en el consumo de drogas, particularmente entre los jóvenes. La pasta base de cocaína comenzó a ganar terreno en los sectores más vulnerables de la sociedad, convirtiéndose en un grave problema de salud pública.

En respuesta a estos desafíos, los gobiernos democráticos implementaron una serie de políticas orientadas tanto a la prevención del consumo como al tratamiento de la adicción, incluyendo la creación del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes (CONACE) en 1990, que más tarde se convertiría en el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA).

Chile en el contexto regional del narcotráfico

A medida que avanzaba el siglo XXI, la posición de Chile en el panorama regional del narcotráfico se fue transformando. Si bien el país no es un productor importante de drogas como cocaína o heroína, su estabilidad económica y política, junto con su extensa costa, lo han convertido en un punto atractivo para el tránsito de drogas hacia otros mercados, particularmente Europa y Norteamérica.

La frontera norte de Chile, colindante con Perú y Bolivia, dos de los mayores productores mundiales de cocaína, ha sido un punto focal en la lucha contra el narcotráfico. Los esfuerzos por controlar esta frontera han llevado a innovaciones en las técnicas de contrabando, incluyendo el uso de submarinos artesanales y drones.

El desafío actual: Crimen organizado y narcotráfico

En los últimos años, Chile ha experimentado un aumento preocupante en la presencia y actividad de organizaciones criminales transnacionales vinculadas al narcotráfico. Grupos como el Tren de Aragua, originario de Venezuela, han establecido operaciones en el país, trayendo consigo un aumento en los niveles de violencia asociados al tráfico de drogas.

Este fenómeno ha planteado nuevos desafíos para las autoridades chilenas, que se han visto obligadas a adaptar sus estrategias para enfrentar a organizaciones criminales más sofisticadas y violentas. En respuesta, Chile ha implementado una serie de reformas legales y operativas, endureciendo las penas para delitos relacionados con el narcotráfico y fortaleciendo las capacidades de investigación de las fuerzas de seguridad.

Revisa la entrevista con el profesor Gonzalo Peralta en Stock Disponible de Vía X

 

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