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ENTREVISTA

“La Violadora”, la exposición que denuncia los abusos sexuales de la Iglesia católica

DUPLOS.Cl conversó con Marco Evaristti, el creador de la muestra que recogió el testimonio de los sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico para representar en vívidas imágenes, la pedofilia de los agentes de la Iglesia.

La exposición estará hasta el sábado 22 de enero, en el MAC de Quinta Normal.Créditos: Francisco Zúñiga
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Marco Evaristti, de profesión arquitecto, es un artista visual que se hizo conocido en el país por la exhibición “Peces en la Juguera”, y suele caminar muy al borde de los extremos del ser humano, donde lo que es tabú, seguramente es el lugar donde estará más cómodo. 

Evaristti, comenta que su madre lo dejó a los tres meses con una familia católica en Renca —en la población Illanes— y que desde ahí empezó un viaje para buscar su identidad dentro de la cultura judía, pues resultó que su madre biológica era judía, sin embargo, solamente a lo largo de los años supo que su madre estaba agonizando, cuestión que lo llevó a Israel para despedirse de ella. Luego, la vida lo llevó a Inglaterra y Escocia, lugar donde conoció a su mujer, con quien se fue a vivir a Dinamarca. 

Desde el invierno danés de Copenhague, Marco Evaristti accedió a conversar con DUPLOS.CL. 

-¿Cuál es su filosofía como artista? 

-Me considero arquitecto y artista visual preocupado de la parte social del ser humano. Además, me intereso como dice Friedrich Nietzsche, por una cosmovisión humanista del arte. Busco comunicarme con la sociedad mediante mi trabajo, es decir, el campo donde trabajo son los conflictos y los tabúes, también la muerte y la sexualidad del ser humano. 

                                                                                                                    

Evaristti, quien recuerda asistir a misa en su niñez, no estaba especialmente afecto a la Iglesia católica. No obstante, hace tres años estaba hojeando el diario, cuando leyó una noticia relacionada con Fernando Karadima, el cura expulsado dos veces por el Papa Francisco por los abusos sexuales ocurridos en la parroquia de El Bosque. 

Dado que las acciones de Karadima lo impactaron, decidió ponerse en contacto con José Andrés Murillo, quien era parte de los denunciantes. Desde ese momento, Marco empezó a coordinar con un grupo de sobrevivientes de abuso sexual eclésiastico para delinear lo que sería “La Violadora”, la exposición que estará hasta el sábado 22 de enero, en el Museo de Arte Contemporáneo, en su sede del Parque Quinta Normal. 

-¿Cuál fue su motivación para montar la obra “La Violadora”? 

-Lo que pensé primero es quien protege a los niños, porque ellos son utilizados por los sacerdotes y tienen una relación de padre e hijo. Entonces estos niños se encuentran sin protección, ya que la Iglesia católica abusa sexualmente de los niños en el nombre de Dios. Por eso, lo más importante para mí es protegerlos porque son miles y miles de niños abusados. Y nadie se da cuenta de este problema. Además, cada día me envuelvo más en esto, porque como budista tengo que ser bueno conmigo pero también con la gente ajena. Precisamente ese es el principio número uno del budismo, ser bueno con uno mismo para darle energía positiva al ser humano. 

-Al principio, al entrar a la exposición cita a Fernando Vallejo, en la Puta de Babilonia. ¿Qué otras obras le ayudaron a plasmar su visión? 

-No tengo ninguna obra que me haya llevado a ese lugar. Lo que me ha ayudado más en ponerme en el asunto religioso, es leer la Biblia, la Torá y el Corán. Y todos estos libros hablan sobre el amor del ser humano, por ejemplo, todo es sexual desde el comienzo de la Biblia. Si ponemos el origen del ser humano no venimos del agua, todo parte desde el incesto, con Adán y Eva. Y en 1533 Martín Lutero concluye que después de la instauración del celibato, que si se saca la parte sexual al ser humano, al final se convierte en una bestia. 

-¿Entonces la Iglesia católica estaría degenerando la sexualidad que es parte natural del ser humano, no? 

-Somos animales con raciocinio, ya que siempre buscamos satisfacer nuestros deseos sexuales. Porque muchas veces tienen que hacer una meditación enorme para sacar el deseo sexual del ser humano. Mira yo he meditado por 15 años y todavía no he aprendido a meditar. Para hacerlo bien, debes deshacerte de todo lo que está fuera de ti. Entonces si no puedes sacar el deseo sexual, lo mejor es dejar que los sacerdotes se casen o los castren químicamente. Esta es la única solución para que se termine el abuso sexual porque pasarán mil años y los sacerdotes seguirán abusando. Me gustaría dialogar con el Vaticano y plantearle estas inquietudes, para lograr que se reforme la Iglesia católica. Yo espero que la ciudadanía se organice y proteste contra el Vaticano. 

Aprovecho de comentar que estoy trabajando con un abogado para denunciar al Papa Francisco por el encubrimiento de los abusos sexuales. Esa es la próxima parte de la obra, la cual voy a denunciar con las 14 personas que conozco en Chile ante la Corte Internacional en Hagge.                                                                               

Valentina Soto, asistente de “La Violadora”

“Claramente tiene una connotación de pedofilia, porque se puede ver que los esqueletos representan a niños. Es súper fuerte y visibiliza lo que ha estado oculto históricamente … los secretos que tiene la Iglesia católica”.

Javiera Acosta, asistente de “La Violadora”

“Se nota que las calaveras son niños. Entonces eso también nos habla de cómo la educación ha estado muy ligada a la Iglesia católica … se da que en estos espacios educativos exista la violación y el  abuso”. 

Sobre la calavera que representa al Papa que se encuentra al centro de la exposición, las asistentes asienten al unísono que desde el principio de los tiempos siempre han estado cubiertos de oro, riqueza y privilegios. Y principalmente apuntan al degeneramiento de la institución y al sistema de encubrimiento detrás de estos delitos. Al igual que la ropa de una monja que se encuentra al frente de un lienzo, que representa el abuso sexual cometido por una religiosa.

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