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ENTREVISTA

Los guardianes de la memoria: La vida de un fotorreportero en México

Alejandro Meléndez es fotorreportero de vasta experiencia en medios mexicanos y en esta entrevista con DUPLOS.CL narra cómo es ejercer su profesión en medio del silencio cómplice de las autoridades que dejan impune las miles de desapariciones forzadas y crímenes que ocurren a diario en el país.

Marcha en memoria de Rubén Espinosa.
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Alejandro Meléndez (43), quien trabaja como fotorreportero hace 25 años, lleva toda una vida en las calles, dando cuenta de la realidad de México. En 2019, formó parte del equipo de periodistas que ganó un Premio Gabo, en la categoría “Innovación” por Mujeres en la vitrina, migración en manos de la trata.  

Hoy, forma parte de Fotorreporteros MX, un colectivo que nació en 2013 porque empezaron a agredir a sus colegas en las manifestaciones de los desaparecidos de Ayotzinapa. "Somos los primeros en levantarnos en estas protestas” a la vez que “vamos a registrar a los muertos”, describe para DUPLOS.CL lo que es parte de su trabajo.  

Por ejemplo, Alejandro constata que hay cosas que unen a los periodistas de Latinoamérica con México. “Hay problemas parecidos, como las agresiones en las marchas”. Por otra parte, explica que en México como en ningún otro lado del mundo, las desapariciones forzadas, son pan de cada día. En noviembre de 2011, el Comité de la Organización de las Naciones Unidas visitó el país del norte, para informar que 95.000 personas se encontraban desaparecidas.  

De igual modo, ejercer hoy el periodismo o realizar fotoperiodismo en México, puede significar terminar en una fosa común. Desde el 2000, la organización Article19 ha documentado 151 asesinatos de periodistas sólo en México. De la triste cifra, 139 son hombres y 12 son mujeres. 

“Hubo un caso de un compañero que fue detenido y gracias a los celulares de las señoras pudimos documentar su detención que provocó que estuviera preso un tiempo. Él no había hecho nada”, rememora Alejandro Meléndez. “Nosotros empezamos a hacer subastas para ayudar a las familias de los fotorreporteros asesinados porque las empresas no daban ninguna reparación”.  

“Actualmente las empresas periodísticas te contratan por el sueldo mínimo. Tampoco hay seguridad social de parte de grandes conglomerados como Televisa y TV Azteca”, aclara.  

Pero sin dudas, la situación más acongojante es la sangre vertida por sus colegas.  

Meléndez, que mantiene su voz serena, reconoce que continuaron atando cabos sueltos en torno al multihomicidio del fotorreportero Rubén Espinosa, que murió torturado y asesinado un viernes 31 de julio de 2015, junto a él, yacían los cuerpos de Alejandra Negrete, Mile Martín, Yesenia Quiroz y Nadia Vera en el departamento 401 del edificio 1909 de la calle Luz Saviñón, en la colonia Narvarte de la Ciudad de México. Donde aún se desconoce el móvil del horrendo crimen, pero se detuvieron a dos principales sospechosos, mientras otro sujeto espera la sentencia.  

Según consigna el informe “La verdad como exquisitez”, Rubén había sido amenazado presuntamente por el entonces gobernador de Veracruz, Javier Duarte. Entretanto, Alejandro cuenta que podría fraguarse una colusión al más alto nivel entre el poder político y la Procuraduría mexicana. Algo que ha llevado con tesón, dado que prepara un documental para Netflix.  

“Nosotros hemos denunciado a los gobiernos de cualquier color, pero el 99 por ciento de las agresiones vienen de parte de un funcionario público”. Incluso, indica, la mayoría de los periodistas y fotorreporteros viene a guarecerse a Ciudad de México. Sin embargo, hay algunos estados, como Tamaulipas, que es un “lugar de silencio”, expresa Meléndez a DUPLOS.CL. “Hay alrededor de diez asesinatos diarios”, revela.  

En Tijuana y en otros lugares han ido a bombardear diarios, explica el fotorreportero. “Hay medios que hacen que no pasará nada”, dice Meléndez, afirmando que el poder del crimen organizado es tal, que muchos alcaldes son propuestos por los líderes del narcotráfico “en estos estados hay un narcogobierno”.  “Si no viviera en la Ciudad de México, pensaría en querer hablar, porque podría ocasionar mi asesinato”, reflexiona.  

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