CRÓNICA DEL 18-0

La caminata rumbo al nuevo Chile

El viernes 18 de octubre del 2019, no fue un día común y corriente en el país. Las protestas por el alza del pasaje del transporte público comenzaban a incrementar en las estaciones del Metro de Santiago que debieron paraliza sus funciones. Cuatro santiaguinos recordaron lo que vivieron ese día.

Escrito en OPINIÓN el

Mediodía. Viernes 18 de octubre del 2019. Quinto día de evasiones al pago del transporte público por el aumento de $30 en el pasaje del Transantiago y Metro. Y miles de jóvenes en Santiago protestaban en las distintas estaciones del tren subterráneo por dicha alza.

Luego la situación pasó a ser crítica: torniquetes y parte de las instalaciones terminaron dañadas. Algunos manifestantes fueron más radicales e impidieron la circulación de los carros sentándose en los andenes. 

Fuerzas Especiales de Carabineros llegaron a reprimir  la protesta. Pasadas las 15:00 horas, Metro informó el cierre de las líneas 1 y 2 debido a desordenes. Pero eso no era todo, porque otras estaciones de las demás líneas también estaban sin servicio. 

La revuelta cada vez era más intensa. Y aquello iba a tener una seria consecuencia: la red completa de metro quedó inoperativa cerca de las 19:00 horas mientras miles de santiaguinos volvían a sus hogares desde el trabajo. Así mismo, las empresas del Transantiago optaron por la misma decisión y guardaron sus buses a causa del ambiente hostil.

Hasta antes de la fecha, algunos expertos decían que Santiago sin el metro colapsaría, porque es la principal arteria de la capital que une a las comunas (incluso las que están más distantes) y, además, es la que a diario mueve a millones de santiaguinos. Lo que ocurrió ese 18 de octubre al atardecer confirmó ese análisis. 

Justo un 18 de octubre

Nicolás Escudero cursaba segundo año de Ingeniería Civil Industrial en la Universidad Santo Tomás ubicado en calle Ejército, Santiago Centro. Salió a las 12:30 horas de la clase de Calculo II y junto a su compañero se dirigieron a la estación Los Héroes para volver a sus hogares. En la noche tenía planes: debía celebrar el cumpleaños de su papá. 

Cuando llegaron al lugar, había una sola entrada. Lograron ingresar al sector de boletería y luego bajaron al andén.

“Ahí quedó la embarrá. Tomaron a gente detenida y después no nos dejaron salir del metro”, recuerda.

Después de media hora, salieron de la estación y caminaron por la Alameda rumbo al poniente. Por República vieron barricadas y carabineros por todos lados. En Estación Central, se despidieron. Escudero tomó el metro y cuando llegó a Neptuno, se cortó la luz. El carro se detuvo y los evacuaron del lugar.

“Nos entregaron un pase gratis por el problema. Después me enteré que nos bajaron del metro porque lanzaron un televisor a las vías”, aclara

Luego caminó hasta avenida Pajaritos para subirse a una micro que lo llevara a Maipú, donde vive, pero todas venían repletas de gente. Al ver que ningún bus paraba, decidió hacer el trayecto a pie junto a un grupo grande de personas que estaban en la misma situación que él. En el camino, se compró tres botellas de agua por el desgaste físico y por el sol.

Al llegar a Plaza de Maipú, se topó con un amigo y continuaron el trayecto juntos hasta la intersección de Cuatro Poniente con Nueva San Martín. 

A su casa llegó a eso de las 16:00 horas. A penas entró, se dio una ducha porque llegó transpirado. Sentía su cuerpo afiebrado y sus pies le ardían.

Más tarde, pidió un Uber y se dirigió donde su papá, que vive La Farfana, para celebrar su cumpleaños. El festejo fue mesurado porque estaban atentos a lo que ocurría en las calles de Santiago.

“Como a las 22:00 horas, vimos que las estaciones de metro las estaban quemando. Pasé la noche en la casa de él, porque podía ser peligroso”, confiesa

Escudero piensa que la clase trabajadora fue la más perjudicada por los incendios a las estaciones de metro.

“Se desvirtuó un poco. Está bien luchar. Estoy de acuerdo con eso, pero creo que fue un exceso. Para mucha gente que no tiene vehículo la locomoción colectiva es fundamental”, afirma.

El último partido antes del cambio

Ignacio Rodríguez terminó el partido de tenis en las canchas del Estadio Nacional, Ñuñoa, a eso de las 16:30 horas junto a sus compañeros de universidad. Al revisar su celular se dio cuenta que la estación Estadio Nacional estaba cerrada y junto a uno de ellos tomaron otra alternativa para ir a su hogar, ubicado en el metro Ecuador en Estación Central.

Quisieron tomar un Uber, pero era demasiado costoso el viaje y finalmente abordaron una micro. El bus, al llegar a la altura de Manuel Montt con Providencia, se detuvo por largos minutos debido a los tacos que existían por las protestas y decidieron bajarse para continuar el trayecto a pie.

“Cuando veníamos por Salvador, vimos mucho humo y no entendíamos nada… Además había una masa de gente caminando y dijimos ‘¡qué mierda está pasando!’ Existía un ambiente tenso”, recuerda.

Al llegar a Plaza Italia, vieron que era imposible seguir caminando por la Alameda y decidieron  ir “conejeando” por el lado sur hasta llegar a Paseo Bulnes. En ese lugar decidieron desviarse para volver a tomar la Alameda y continuar el camino a su casa. 

A las 21:00 horas, aproximadamente, llegaron al hogar y vieron por televisión lo que estaba pasando en Chile.

Con el pasar de los años siente una contradicción por lo que pasó. No comparte la violencia que hubo, pero cree, al mismo tiempo, que sin ese caos quizás la gente no iba a ser escuchada.

“Sin esa forma violenta de llamar la atención, no se hubiera escuchado a la gente, pero, a la vez, reflexiono y digo ‘¿qué sacamos con quemar todo?’. ¿Le afecta eso al empresario? ¿Le afecta eso al Gobierno? Mucha gente terminó siendo perjudica por no tener Metro por casi un año”, asevera.

La intuición no falló

Cecilia Queuputripai es profesora de Educación Básica y ese 18 de octubre en el colegio donde hace clases, ubicado en Cerro Navia, celebraron el “Día del Profesor”. Por dicho festejo, salió al mediodía del trabajo. Luego se trasladó hacia el sector de Bellas Artes para almorzar con su amiga pese a que sospechaba que podía haber desordenes en el centro de Santiago. 

Entre las 16:30 y 17:00 horas, Cecilia y su amiga fueron a la Estación Bellas Artes para regresar a sus hogares ubicados en Cerro Navia y Renca, respectivamente, pero estaba cerrada. Se trasladaron a Santa Lucia sin éxito y caminaron hasta antes de Baquedano. Quisieron tomar una micro en el Parque Forestal y ninguna pasó. Vieron cómo la gente caminaba en masa por las calles. 

Decidieron hacer el trayecto a pie por la calle Merced. En Plaza de Armas entraron a la estación para cargar la tarjeta, pero no pudieron abordar el tren. Continuaron el trayecto hacia el poniente por Catedral hasta llegar a Quinta Normal a eso de las 19:30 horas.

En el lugar, abordaron la micro 504 que iba colapsada de gente. Aprovechó el momento de revisar su celular para saber qué estaba pasando. 

“Estábamos muy confundidos en la micro y sin saber lo que iba a pasar” recuerda.

El bus se desvió por calle Andes hasta llegar a General Velázquez, donde el chofer ordenó a los pasajeros bajarse porque al lugar donde se dirigía “estaba quedando la escoba”.

“Al final nos bajamos. Algunas personas se organizaban para pagar taxis y otras le preguntaban a los automovilistas si los podían llevar. Yo no sabía qué era más peligroso, si seguir caminando o subirme a un auto”, asevera.

Su amiga, que iba con dirección a Renca, logró abordar la 101. Pero Cecilia continuó el trayecto a pie hasta Teniente Cruz con José Joaquín Pérez. Ahí llamó a su papá para que la fuera a buscar. A su hogar llegó cerca de las 22:30 horas.

“Con el miedo, con el rumor de que Piñera iba a sacar a los milicos (y finalmente los sacó) y que había que cargar las cosas porque iban a cortar la luz, creo que fue un fin de semana de mucho cahuín, de escuchar muchas cuestiones”, comenta.

Queuputripai cuestiona la manera de protestar, porque ella y sus cercanos fueron, finalmente, los afectados por el cierre de las estaciones (muchas abrieron el lunes y otras demoraron más tiempo).

“Al otro día, una amiga subió videos de cómo había quedado la estación San Pablo y quedó horrible. En las primeras horas dije ‘quemen todas esas cuestiones’, pero después dije ‘no poh’, porque nosotros mismos vamos a ser los afectados. Fue algo castigador”, confiesa.

El relajo

Nicolás Cuadra se encontraba en la productora Monkeyfilms, en Providencia, lugar donde estaba haciendo su práctica profesional de Comunicación Audiovisual. A las 18:00 horas, lo llamó su madre, quien le dice “en Santiago está la escoba”.

Tras la llamada, en el computador donde estaba trabajando, colocó la transmisión online de un canal de T.V. y vio las manifestaciones. Eso lo sorprendió. 

“Tuve la oportunidad de irme, pero preferí esperar a que se calme la situación. Después me di cuenta que no paraban nunca”, recuerda.

A las 21:00 horas, le dijo a su jefe que se iba y su empleador lo acercó al metro Pedro de Valdivia. Desde ese punto comenzó a caminar hacia el poniente, en específico al metro Universidad de Santiago, donde vive. 

En el trayecto vio mucha gente caminando a distintas direcciones. Cuando llegó a Salvador, se encontró con un joven haitiano que no sabía llegar a Rinconada de Maipú. Como no había trasporte público, caminaron juntos.

Cuando llegaron a Plaza Italia, según Cuadra, “había una postal apocalíptica” por los manifestantes, barricadas, paraderos incendiándose y carabineros. Desde ahí, ambos tomaron calles alternativas porque caminar por la Alameda era imposible debido al caos. 

Durante el camino, pasaron a tomar unas cervezas a una botillería y luego de dos horas llegaron al Persa Estación, donde había un enfrentamiento entre manifestantes y carabineros.

“Saqué la conclusión de que las protestas venían desde un sector popular, porque en Providencia era casi ‘una tasa de leche’”, confiesa.

En la estación Universidad de Santiago, ambos se despidieron. Cuadra entró al terminal de buses para ver cómo estaba el ambiente. Quería tomar un taxi para ir donde su tía en Villa Errázuriz, pero ningún taxista lo quería llevar porque el destino era cerca de Villa Francia. Al final, decidió ir a ver a un amigo que vive en General Velásquez. Cerca de las 00:00 horas llegó al hogar.

“Cuando llegué donde mi amigo, vi lo que estaba pasando en la tele y los sectores más golpeados fueron los de clase media y baja”, dice.

Además, añade que estalló una olla a presión, por la mala gestión del gobierno de ese año y el de los anteriores.

“Una cosa es manifestarse contra la autoridad y otra es volverse loco y enajenado. Esas cosas desvirtúan las situaciones y se transforman en un descontrol”, comenta.

¿Valió la pena el caos?

A las 20:30 horas de ese 18 de octubre, Metro emitió un comunicado en su cuenta de Twitter, donde confirmó que toda la red se mantendría cerrada durante el fin de semana por los graves daños que hubo en sus instalaciones.  

“Esta medida se ha tomado por los graves destrozos que impidieron contar con las condiciones mínimos de operación. Realizaremos los trabajos necesarios y evaluaremos las condiciones en que se retomará el servicio el lunes 21”, especificó la empresa.

Pasada las 00:00 horas, la prensa mostraba las estaciones calcinadas y el fuego pasaba a ser un paisaje natural en las calles de Santiago. Las consecuencias del daño a la red de metro, con el pasar de los días, se iban a sentir.