Cómo Piñera unió a Chile y lo alejó de los políticos tradicionales

Sin quererlo, el Presidente ha sido el gran responsable del cambio de conciencia en buena parte de la ciudadanía.

Escrito en OPINIÓN el
Entre 1986 y 1987, Alan Moore y David Gibbons publicaron Watchmen, obra paradigmática en la reformulación del cómic como novela gráfica. Sus aportes al desarrollo del género son innegables, pero si lo menciono ahora es por la tesis de fondo que plantearon los autores en los 12 números de la serie. Esa tesis es que el ser humano se siente más convocado a estar en contra de algo que a favor. Por eso en Watchmen el mundo deja de lado sus conflictos y se une solo cuando surge una posible amenaza extraterrestre. En el caso de las últimas elecciones en Chile, el "extraterrestre" que consiguió unir al país se llama Sebastián. Su "estrategia" ha sido hacer gran parte de lo que le pide la ciudadanía, pero tarde, mal y a tirones. Luego de haber asumido su segundo gobierno en una elección con muy baja participación, Piñera fue cultivando su impopularidad poco a poco, hasta que el estallido social aceleró el proceso.  -A qué se dedican los constituyentes: desde abogados y profesores a una machi y una ajedrecista Para el recuerdo de todo el país quedaron sus palabras, unos días antes de que empezaran las protestas masivas en 2019, asegurando que Chile era "un verdadero oasis" dentro de América Latina, debido a su supuesta estabilidad. La respuesta a las protestas fue una represión violenta, con muchas prácticas más propias de una dictadura que de una democracia, incluyendo agresiones gravísimas que provocaron muertes, mutilaciones y traumas. Mientras eso ocurría en las calles, desde La Moneda (primero a través de Chadwick, y luego de Blumel), el Presidente respaldaba el accionar de Carabineros. Si un policía resultaba con lesiones leves, había visita oficial para conocer su estado de salud. Si un manifestante -o transeúnte- era cegado por balines, empujado al río Mapocho o aparecía muerto, nadie del gobierno aparecía para ofrecer apoyo, disculpas o, lo que sería tan ideal como correcto, una pensión compensatoria. Luego vino el acuerdo con la oposición para salvar la estabilidad del mandato que parecía no iba a llegar al final de su periodo. Pero las protestas no cesaron. Entonces apareció el destino, o la divina providencia. Piñera debió sentir que lo estaba haciendo bien, y que por eso Dios vino en su ayuda y liberó una pandemia que obligaba a la gente a cuidarse recluyéndose en sus hogares. Por fin podría detener las manifestaciones en su contra, ya no a través de la fuerza pública, sino decretando cuarentenas. Pero, una vez más, lo hizo todo mal. El "manejo" del Covid por parte de su administración ha dejado más de 30 mil personas muertas y aumentó en 2 millones la cifra de pobres, hasta la fecha. En ese contexto, y con todo lo anteriormente descrito sumando cada vez más rabia en la gente, Sebastián logró lo que quizás nunca nadie había hecho: unir a la inmensa mayoría, al 80 o 90% de los chilenos. Porque la rabia que provocó su gobierno fue tan profunda y prolongada, que pasó -en el plazo de un año- de ser una rabia enceguecedora que solo quiere romper todo, a ser un factor determinante de apertura mental y reflexión. Una reflexión muy simple, que ya era hora que hiciéramos unidos como país: los políticos tradicionales no nos sirven. No importa el sector, porque si bien las últimas elecciones han querido interpretarse como un triunfo de la izquierda, lo cierto es que el amplio triunfo de los independientes demuestra que a la mayoría de la gente la izquierda le parece tan anacrónica como la derecha. -¿Cuándo comenzará a sesionar la Convención Constitucional? Aunque, sin duda, esta última fue la más perjudicada por el "liderazgo" de Piñera, que cada vez que se opuso a un retiro de 10% de las AFP, sumó una nueva palada a la sepultura de su sector como opción de gobierno. Ahora, en la Convención Constituyente comienza un proceso en el cual, como nunca antes, tendrán que ser los partidos políticos los que busquen sumarse a la mayoría independiente, en lugar de plantearse como los poderosos a los que hay que ir a rogarles migajas. Casi dan ganas de darle las gracias a Sebastián, el alienígena que nos unió.

Mario Cuche