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¿El Conde perjudica realmente la imagen de Pinochet?

El Conde ha provocado una esperable polémica por la representación que hace de la figura de Pinochet. Pero, ¿le hace realmente un daño?
Mario Cuche
4 Min de Lectura
El Conde podría ser el primer paso para convertir a Pinochet en un ícono pop
El Conde podría ser el primer paso para convertir a Pinochet en un ícono pop

Como retrato satírico de Augusto Pinochet -más allá de su valor como película-, El Conde ha causado las reacciones que cabía esperar de su propuesta, con muchas personas que celebran la mofa al dictador y otras tantas que protestan por la misma.

Sin embargo, detrás de la burla y la queja, ¿perjudica realmente la película de Pablo Larraín la percepción que ya se tenía y se pueda llegar a tener de la figura más divisoria de la historia de Chile?

Para la gran mayoría, creo que la respuesta es poco y nada. Quienes vivimos, aunque sea en nuestra niñez, el periodo de la dictadura, hemos tenido suficiente información disponible desde hace tiempo como para formarnos una visión de Pinochet que pueda verse afectada por una comedia, por muchos premios que gane.

Por otro lado, la percepción del dictador que sí puede verse afectada con productos culturales como El Conde es la de las generaciones más jóvenes, y no necesariamente de forma negativa.

Es el riesgo que se corre al hacer una banalización de los horrores de la dictadura a través de la representación de un Pinochet que, como personaje, puede resultar hasta medio “simpático”o “chistoso”, o también “asqueroso”, pero nada ni remotamente cercano al desprecio y al odio que provoca el verdadero Pinochet entre sus más acérrimos detractores.

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Pinochet banalizado en El Conde: ¿Más cerca de la humillación o del homenaje?

Cuando el rey es rey, reírse de él y exponerlo puede ser una forma de provocar una reacción en el pueblo (algo que hizo, por ejemplo, Florcita Motuda con el casete del NO). Cuando el rey ya está muerto, reírse de él no provoca más reacción que la risa misma.

En principio. Porque la verdad es que el humor sí puede provocar una reacción tras la muerte del rey, pero no la que podrían desear quienes rechazan su figura. Sobre todo cuando ese rey nunca fue juzgado por los crímenes que se le imputaron y falleció impune.

Porque la historia y el mito se unen en la mente para formar la percepción. Y si la Justicia no dejó un registro para la historia y la industria del entretenimiento empieza a dejar registros más enfocados en lo lúdico que en los hechos… ¿qué termina pasando con la conciencia y la memoria?

Tal como el humorista que interpreta a un borracho no hará a nadie reflexionar realmente sobre el alcoholismo, El Conde no tiene por dónde hacer reflexionar a nadie sobre los atropellos a los derechos humanos.

Todo lo contrario. Puede ser el primer paso para transformar al dictador en un ícono pop. Porque pocos usarían una polera con la cara de Pinochet o pondrían una figura de Pinochet en el espejo de su auto. Pero, un Pinochet caricaturizado, con colmillos y lentes rosados… quién sabe.

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