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Juan Carlos Claret: “Nadie está libre de ser una víctima”

El activista y abogado Juan Carlos Claret y fue el ex vocero de las laicas y laicos de Osorno. En esta entrevista explica por qué la Iglesia católica mantiene aún sus privilegios.
Emilia Rojas López - Periodista
8 Min de Lectura
Juan Carlos Claret es abogado de la Universidad de Chile.
Juan Carlos Claret es abogado de la Universidad de Chile.

Hablar de Juan Carlos Claret (27) es sinónimo de cariño y agradecimiento para los sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico. En DUPLOS.CL quisimos conocer cómo fue la experiencia de este activista tras los escándalos que empañaron la Iglesia Católica.

Entre los años 2015 a 2019, Juan Carlos, ejerció la vocería de la feligresía de Osorno. Todo empezó cuando el papa Francisco nombró a Juan Barros Madrid como obispo de la diócesis sureña en 2015, luego inmediatamente, las mujeres, hombres y jóvenes se organizaron para pedir la renuncia de quien es acusado de destruir una carta que pudo haber expuesto a Fernando Karadima en la década de los ochenta, cuando Barros era secretario del cardenal Juan Francisco Fresno, arzobispo de Santiago.

Después de organizarse de a poco y encauzar su malestar en un movimiento inédito, en solo tres años lograron que Barros presentará su renuncia en 2018. Claret, que destaca por su sencillez y ser un buen orador, habló en nombre de las y los sobrevivientes durante esos tumultuosos años, cuando fue el principal vocero de una comunidad dolida por la opacidad de sus líderes religiosos.

– ¿Qué experimentó al conocer los testimonios de personas abusadas por sacerdotes de la Iglesia católica?

– Me acerqué a una comunidad que estaba perpleja. Eso para mí significó un giro vital [se emociona al recordar] Por eso, mis libros son mi memoria de pregrado. Conocer la herida de los sobrevivientes me cambió la vida. Yo iba por otro carril, pero en el camino fui abofeteado por esta realidad. Y me dije ¿Cómo no lo vi antes?

– ¿Qué tan importantes son las vocaciones sacerdotales en la Iglesia católica? Considerando que la Iglesia de El Bosque era tildado como un “semillero” de 50 sacerdotes y 5 obispos.

– Primero, la Iglesia católica no existiría sin los sacerdotes, en la misma misa, el cura representa a Cristo [es su personificación en la tierra] cuando él impone las manos para transformar el pan en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre, por ese motivo, se necesita la presencia de un sacerdote en la misa. Sin el cura, los dones del pan y vino no se transforman. Ese es el relato institucional católico.

– ¿Qué responsabilidad tienen los laicos y las laicas que defendieron a Karadima?

– Muchos sacerdotes y obispos decían públicamente que se liberaron de Karadima, pero en privado se seguían juntando en la parroquia Los Castaños, en Santiago. Es ahí cuando cae en desgracia frente a los sacerdotes que integran el episcopado chileno y entre los curas que hacían clases en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica. En general se trata de personas que Ricardo Ezzati promovía de parroquia en parroquia pese a tener restricciones de dirección espiritual. Finalmente, Karadima tenía un séquito de laicos de élite y un grupo de clérigos. Cuando Karadima pierde influencia, todos ellos desaparecen.

Por otra parte, el laicado católico tiene una enorme responsabilidad por ser unos yanaconas [esclavos] de la estructura mental que mantiene a la Iglesia católica como una institución peligrosa para cualquier persona vulnerable. Porque para que los abusos se pudieran cometer era necesario que tuvieran una posición de condescendencia con el abusador. De esa manera, estos abusadores y encubridores sabían que la gente se iba a poner de su lado. Estoy pensando en una persona sin recursos que es abusada por el cura y este, al realizar la denuncia, recibe el desprecio de su comunidad.

Sobre eso, el laicado es responsable por relativizar el testimonio de los sobrevivientes. Hay un laicado que le gusta el poder, no nos olvidemos que los abusos en la Iglesia católica no solamente son cometidos por clérigos sino también por los laicos que llegan al poder. Hay muchos laicos que trabajan en la administración de muchos obispados que sabían de los acuerdos extrajudiciales para que las víctimas no denunciarán a la justicia. A esos laicos que llegaron a puestos de poder, mi mayor repudio [se indigna] Porque para llevarse bien con algunos obispos prefirieron callar situaciones irregulares, sabiendo que había personas inocentes sufriendo.

– Karadima abuso de menores de edad y también ejerció abuso de conciencia en personas adultas. ¿Podrías definir el abuso de conciencia?

– Cuando hablamos de abuso sexual tenemos que comprender que ante todo es un abuso de poder que se manifiesta sexualmente, es decir, un pedófilo no abusa a la primera ocasión. En este contexto, la dinámica funciona cuando la persona que se encuentra en el puesto de poder logra bajar la guardia de su víctima. Por ejemplo: cuando entregan un trato preferente. En tal caso, en la Iglesia católica ocurre que el mito gira en torno a la figura sacerdotal (que sea un hombre que tenga acceso a la divinidad, que Dios actúa en él y puede entregar la absolución de los pecados). Entonces suele ocurrir que el sacerdote investido por este poder, entra en la conciencia de la víctima. ¿Por qué es importante? Desde el Concilio Vaticano II se señala que es en la conciencia donde se produce el encuentro con Dios.

El abusador clerical tiene ciertas particularidades que hace más grave el abuso. El victimario accede a la conciencia de sus víctimas y es ahí cuando el cura abusador reemplaza poco a poco a Dios con su propia imagen. Finalmente, cuando la víctima tiene un conflicto y trata de buscar respuestas en su conciencia, cae en la red del victimario. Muchas víctimas cuentan que cuando conversan consigo mismas, no le encuentran sentido a lo que está mal porque el significado de los que les ocurre le da la razón al cura. Eso es el abuso de conciencia.

Entonces el abuso sexual en la Iglesia católica no es solo la pedofilia, porque muchas veces también les pasa a los adultos. Todos en algún momento estamos en una posición de vulnerabilidad, ya que nadie está libre de ser una víctima.

– ¿No cree que haya “víctimas tipo” (familias en crisis o personas con problemas de identidad) como reflexiona Oscar Contardo en su libro Rebaño?

– Lo que yo creo es que se producen ciertas “etiquetas” entre las víctimas. Porque si la víctima es de la élite, la gente responde de determinada manera. Pero si la víctima es pobre, no respondemos de la misma forma. Incluso el proceso canónico para recibir las denuncias atiende a las víctimas determinando si son ricos o pobres. Eso me ha tocado verlo en la mayoría de los casos.

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